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¿Sueles quejarte? ¿Cuántas veces al día lo haces? ¿Te pusiste a pensar de qué vale hacerlo? ¿Quieres saber cómo evitar la queja?

Quejarnos es una práctica que hacemos, a veces, sin darnos cuenta, pero nuestro cerebro sí lo nota, y los resultados perjudican nuestra salud y nuestra productividad.

Evitar la queja constante no significa reprimir lo que sentimos, sino reorientar la mirada hacia lo constructivo. Si quieres dejar de quejarte y tener una vida más feliz y productiva, sigue esta guía.

Cómo evitar la queja

La queja es algo humano

En promedio, las personas se quejan entre 15 y 20 veces por día. Eso, sin hablar de los refunfuños cerebrales que rompen el récord y se quejan todo el día, muchas veces sin siquiera darse cuenta.

La queja busca conexión: A veces, la queja es una forma torpe de pedir compañía o validación, no una búsqueda de soluciones. También, la queja expresa que tenemos necesidades no satisfechas.

Convengamos en que la queja es algo humano, pero quejarte en exceso no te lleva a ninguna parte. Es como una bicicleta fija: te entretiene pero no te lleva a ningún lado.

La mala noticia es que si la queja es constante, te enferma a ti y también a todo tu entorno. La buena noticia es que hay formas de expresarla desde una perspectiva más constructiva.

6 razones para evitar la queja

Razón 1: Deteriora tus relaciones.
A nadie le gusta escuchar quejas todo el día. Además los seres humanos somos empáticos por naturaleza. Por eso al escuchar a alguien quejarse nos ponemos también en modo queja. Sí, porque la queja es contagiosa y afecta a tus relaciones.

Razón 2: La queja es adictiva.
Los comportamientos se refuerzan con la práctica, así que cuanto más te quejes más fácil caerás en ese patrón de desgaste y desazón ante cada pequeño estímulo, cayendo en un círculo vicioso infinito del que es muy difícil salir.

Razón 3: Opaca lo bueno de tu vida.
La queja es como ver siempre el vaso medio vacío: te cuesta apreciar lo positivo de la vida, porque sin quererlo entrenaste a tu cerebro para que el primer impulso sea ver siempre lo negativo y eso no te permite disfrutar.

Razón 4: Atrofia el cerebro.
Esto está científicamente comprobado: la queja reduce el tamaño del hipocampo, que es el área del cerebro encargada de razonar y de resolver los desafíos de la vida. Cada vez, encuentras menos alternativas y soluciones a tus problemas.

Razón 5: Te amarga y te enferma.
Al quejarte liberas cortisol que es la hormona del estrés. Tu sistema inmune se debilita y te hace más propenso a las enfermedades cardíacas, malestares gastrointestinales, a la diabetes y al colesterol alto.

Razón 6: No soluciona nada.
Quejarte sólo sirve para expresar tu inconformidad, desacuerdo, o malestar porque las cosas no son como tú quieres que sean. Pero por más que te quejes, no cambia ni desaparece la situación que motiva tu queja.

¿No te parecen estas razones suficientes para evitar la queja, a partir de hoy?

Estrategias para cambiar el hábito

Aquí tienes varias estrategias para cambiar el hábito y reduzcas tu nivel de queja al mínimo.

Primera: Enfócate en la solución.

Enfócate siempre en la solución y no en el problema. Así como has predispuesto tu mente para moldearla hacia un patrón de queja, es posible darle vuelta y no disfrazar las situaciones de queja con un aspecto como que simplemente estás observando algo.

La mente va a seguir entendiéndola negativamente porque la queja encierra juicios, encierra presunciones y calificaciones negativas. Sólo estás cambiando el tono en el que te quejas.

Transforma la queja en acción. En lugar de quejarte, pregúntate y responde por escrito: ¿Qué puedo hacer para que la situación sea diferente? o ¿Qué puedo hacer para adaptarme?.

Entonces, enfócate en la solución. Con entrenamiento mental puedes lograr frenar el impulso hacia la queja y recordar que todo es cuestión de hábito.

Segunda: Plantea escenarios alternativos.

Conociendo el peso y las consecuencias de vivir quejándote, tienes que buscar formas para reemplazarla.

Pregúntate y responde por escrito: ¿Cuál es el motivo de fondo de mi queja? ¿Para qué me sirve quejarme? ¿Qué alternativas tengo? ¿Cómo me voy a sentir si no me quejo? De esta forma, vas a encontrar un mayor sentido para encausar una nueva forma de comportamiento.

Tercera: Cambia el foco.

Enfócate en lo bueno de tu entorno y en tus logros, no en lo negativo. Así podrás evitar la queja.

Una vez que frena la tendencia a la queja, piensa qué sucedería si las cosas fuesen exactamente opuestas a lo que tú imaginas. Es una técnica para contra-argumentar dentro del modelo mental que ya tienes, y verificar qué pasaría en un esquema completamente diferente.

De a poco, el impulso quejoso que tienes va a quedar en un segundo plano, hasta que lo puedas sacar por completo.

Cuarta: Conciencia y registro.

Marca cada vez que te quejes (en un papel) para ser consciente de la frecuencia y los detonantes. Pregúntate: ¿Qué gano cuando me quejo? Las personas hacemos todo para obtener un beneficio y aquí la idea es jugar a tu favor. Este es un ejercicio de autoconciencia para redireccionar el comportamiento nocivo hacia otro que se enfoque en promover cambios o soluciones más positivas.

Para hacerlo toma papel y lápiz haz una lista con todos los motivos y detalles de tu queja. Después, deja de lado esa lista y vuelve a leerla unas horas después. Verifica entonces, si siguen siendo verdaderos esos motivos de tu queja.

Quinta: trabaja en la aceptación.

Acepta lo que no puedas modificar y sólo cambia lo que esté a tu alcance, en tu metro cuadrado. Aceptar te ahorra sufrimiento. En las situaciones que no puedes modificar, necesitas practicar la aceptación.

Aceptar no significa estar de acuerdo o justificar los hechos, sino, dejarlos ir cuando escapan de tu control. Acepta lo incontrolable: Reconoce las cosas que no puedes cambiar para encontrar paz interior. Recuerda que siempre tienes la opción de elegir cómo encarar las cosas.

Sexta: Relativiza la queja.

Si se te «escapa» una queja, puedes relativizarla añadiendo «…pero no tanto», «…pero no siempre», «…casi», «…por ahora», «…pero no me va afectar», al final de una queja, para desactivarla. Por ejemplo: «Nunca me ayuda… ¡casi!».

Séptima: Practica la gratitud.

Anota diariamente 3 cosas por las que sientes gratitud, y que estén relacionadas con la situación de la queja. De esta forma reprogramarás tu cerebro hacia lo positivo. Usa la meditación y respiraciones profundas para estar presente, gestionar el estrés y estar en gratitud.

Octava: Usa afirmaciones positivas.

Las afirmaciones positivas pueden ayudarte a entrenar tu mente para enfocarse en soluciones, gratitud y resiliencia. Aquí tienes algunas que puedes repetir diariamente:

  • «Elijo enfocarme en lo que sí puedo cambiar.»
  • «Cada desafío es una oportunidad para crecer.»
  • «Hoy decido hablar con gratitud y esperanza.»
  • «Mis palabras crean mi realidad, y yo elijo que sea luminosa.»
  • «Me libero de la necesidad de quejarme y abrazo la acción.»
  • «Encuentro belleza en lo simple y alegría en lo cotidiano.»
  • «Soy capaz de transformar las dificultades en aprendizajes.»
  • «Agradezco lo que tengo y confío en lo que viene.»

Recomendación de uso:

  • Repetición diaria: al despertar o antes de dormir.
  • Respiración consciente: acompaña cada afirmación con una inhalación profunda y una exhalación lenta.
  • Escritura: anótalas en un cuaderno para reforzar el hábito.
  • Recordatorios visuales: colócalas en lugares visibles (espejo, escritorio, celular).

Estas frases funcionan como un antídoto contra la queja, porque te ayudan a cambiar el foco de lo que falta hacia lo que ya está presente y lo que puedes construir.

En síntesis

Para dejar de quejarte, enfócate en la gratitud, convierte las quejas en soluciones, sé consciente de tus pensamientos negativos, y cambia tu diálogo interno hacia afirmaciones positivas, preguntándote «qué puedes hacer» en lugar de sólo «qué está mal». La clave es pasar de la queja pasiva a la acción constructiva, identificando los detonantes y aceptando lo incontrolable.

Salir de la queja implica un cambio radical en tu actitud y te va a ayudar a tener una vida menos conflictiva, más sana, que agregue valor para ti en todos los ámbitos en los que te mueves.

¡ANÍMATE! ¡TÚ PUEDES LOGRARLO!

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